Tuesday, March 31, 2015

Una carta de amor a programas como The Walking Dead

Una amiga me acaba de compartir un texto escrito por el actor Nathan Fillion que describe exactamente la razón por la cual adoro todos los programas de televisión que veo a diario. Aunque no es común encontrar esto en mi blog, me fue imposible no traducirla y compartirla:

Hablemos sobre entretenimiento. Algunos programas de televisión los veo para escapar y, otros, por el viaje. La diferencia está en si el show me distrae o si esta pieza de trabajo puede suspender mi incredulidad y transportarme al reino del "que pasaría si...". Definitivamente, no lo veré la semana siguiente si no me importa qué sucede después. Denme una historia que me haga preguntarme qué haría yo en esa misma situación. Déjenme preocuparme por los personajes que llegué a conocer, mirarlos mientras aprenden y crecen, o se estancan y fallan. Déjenme odiarlos, dejen que me decepcionen. Permítanme verlos tomar decisiones de acuerdo a sus experiencias.

Cuando me meto en un programa, éste trasciende de la típica experiencia de verlo en casa solo. Quiero compartirlo, reunir a mis amigos. Preparo bebidas y comida, a veces temáticas de acuerdo al show. Nos deleitamos en la emoción de haber esperado toda la semana, charlando sobre las partes que nos conmovieron, prediciendo qué pasará luego y por qué pensamos que será así. Traigo nuevas personas que nunca han visto el show y veo cómo su emoción crece solamente por el hecho de estar rodeados por otros que ya han sido fascinados. Nos reunimos enfrente de la TV y bajamos las luces. Todos encuentran una posición cómoda, hacemos nuestras bromas y comentarios de último minuto, y luego... silencio. El show comienza. La espera ha terminado. La semana hablando acerca del último episodio ha finalizado. La anticipación es saciada. El viaje continúa.

Pasamos las propagandas entre risas, gritos ahogados y comentarios, tanto positivos como negativos, no importa. Lo que importa es lo que nos están haciendo sentir. Emociones que brotan de nada... Nada más que de un show bien elaborado.
Nathan Fillion 

Versión en inglés:
Let’s talk about entertainment. Some television I watch for the escape, and some, for the journey. The difference being is whether this show is distracting me, or can this piece of work suspend disbelief and transport me to a realm of “what if.” I certainly won’t tune in next week if I don’t care about what happens next. Give me a story that has me asking what I’d do in that same situation. Let me be concerned for characters I’ve come to know, watch them learn and grow, or stagnate and fail. Let me hate them, let them disappoint me. Let me see them make choices shaped by their experiences. 

When I really sink into a program, it transcends the typical watching at home alone experience. I want to share it, to gather my friends. I have beverages and food, sometimes in the theme of the show. It becomes an event. We revel in the excitement of having waited all week, chatting about parts that moved us, predicting what will happen next and why we think so. I bring new people who have never seen the show into the fold, and I see the excitement grow inside them just from being surrounded by others who are already swept away. We gather in front of the TV and dim the lights. Everyone finds a comfortable position, we make our last minute jokes and comments, and then—silence. The show begins. The waiting is over. The week spent talking about the last episode is over. The anticipation is satiated. The journey continues.

We spend commercial breaks hooting, gasping, and commenting, positively or negatively, it doesn’t matter. What matters is that we are being made to feel. Emotions are welling up from nothing—nothing but a well-crafted story.
Nathan Fillion

Monday, March 30, 2015

Un acústico con el autodenominado "chocolate suizo"

Voy a ser sincera: la única canción que había escuchado de Bastian Baker era "Tomorrow may not be better". A pesar de eso, cuando mi hermana me preguntó si la acompañaba a ver a este cantante de 23 años suizo, no lo pensé dos veces. Siempre es interesante conocer nueva música, sea ésta local o internacional.
El anuncio se dio de un día para el otro: Bastian tenía programada una gira en Latinoamérica pero no incluía a Buenos Aires sino que pasaba de Brasil a Chile sin escalas. A último momento, decidió publicar en sus redes sociales que Bebop Club le abrió un espacio para que toque... ese mismo domingo. Después de idas y vueltas con la página, finalmente conseguimos las entradas a un valor de $100. Nada mal para haber elegido una ubicación enfrente al escenario.
Como siempre, llegar desde La Plata a Buenos Aires es todo un problema. Más aún un domingo. El show empezaba a las 17 horas pero, a las 17.05 el Plaza en el que viajábamos, chocó con un auto y, como no era de extrañar, ambos conductores se bajaron a discutir. Después de dudas, nos tomamos un taxi hasta el lugar.
En la entrada, un pizarrón negro anunciaba de manera coqueta la presentación de un tal "Bastian Baker". La calle, la puerta y la escalera que descendía, estaban desiertas. Pero, afortunadamente, todo estaba en silencio: aún no había empezado.

Hola. Hello. Grüezi. Bonjour. 
Las 50 mesas pequeñas e íntimamente iluminadas de Bebop Club no estaban llenas -y nunca se llenaron- pero eso no impidió que alrededor de las 17.30 un sonriente Bastian Baker se subiera al escenario por un costado y abrazara su guitarra mientras charlaba con un expectante y ansioso público. Para nuestra sorpresa, habló en un adorable -y más que entendible- español. Nos contó que había estudiado nuestro idioma por 3 años, que se le mezclaba con el portugués (había estado una semana allá gracias a su Tour Mundial), que había tomado 4 vuelos en un sólo día, por lo que estaba exhausto, y que lamentaba estar sólo unas horas en nuestro país.
No tardó mucho en darse cuenta que muy pocos de los presentes conocían su discografía. A pesar de lo que harían muchos en esa situación, el cantante no se desalentó y nos paseó por un repertorio de música alegre en ritmo pero triste en letras. Además, nos enseñó sus estribillos más conocidos y esperó que lo aprendiéramos para cantar en conjunto.
De vez en cuanto, bromeaba y decía que, por la pequeña suma de 100 dólares, podíamos pedirle temas específicos. Eventualmente, mi hermana le solicitó "One last time". Bastian se rió y le dijo que hacía mucho no la tocaba. Le preguntó si quería subir y cantarla con él pero ella no se animó. Él, alegremente, practicó dos o tres veces hasta empezar a tocar una canción que parecía nunca haber olvidado, la cual, al finalizar, se la dedicó. En todo momento, muchos "aww" se escuchaban en el ambiente.
En lo que pareció un abrir y cerrar de ojos, Bastian anunció su última canción. ¿Cuál fue la reacción argentina? Gritar "¡OTRA! ¡OTRA! ¡OTRA!". El suizo que canta en inglés y francés, pero que también entiende español y portugués, nos hizo caso. Cantó para nosotros uno de sus temas en francés. Adorable.
Después sí cerró el show pero no sin invitarnos a sacarnos fotos, pedirle autógrafos o simplemente saludarlo. 
Apenas las luces dejaron de iluminarlo, se acercó a nuestra mesa. A pesar de ser pequeña, mi hermana y yo la compartíamos con cinco adolescentes descendientes de suizos. Con suma alegría, charlamos con él sobre el show y su corta estadía en Buenos Aires. Le pedimos un autógrafo y todos se rieron al darse cuenta que éramos gemelas. 
Con las fotos fue igual de simpático: sonriendo, haciendo una selfie, señalando, saltando. Cualquiera sea su pose, siempre se lo vio feliz. Una oportunidad así es rara para artistas que llenan estadios: por un lado, algunos se lo podrían tomar como un ataque contra su ego, pero Bastian lo vio como una oportunidad de conocer a cada uno de los asistentes, charlar sobre sus lugares de origen, pedir recomendaciones y hasta instarlos a que prueben cosas nuevas (me dijo que debo comer una comida de Nagoya en base a pollo que adoró. Lo anoto para la próxima).
Bastian Baker no es conocido en Argentina, aún. Probablemente, para la próxima vez que él y su igual de simpático manager, Raphaël Nanchen, regresen, va a ser más famoso y no exista la posibilidad que se repita un show tan divertido e íntimo como éste. Será una pena y una alegría (por él y su música) al mismo tiempo.

Sunday, March 29, 2015

John Green: Dejar o ser dejado, he ahí la cuestión

El corazón roto puede desatar incontables reacciones pero, ¿qué haría un adolescente prodigio que fue abandonado diecinueve veces por chicas que comparten el mismo nombre? El escritor norteamericano John Green tiene la respuesta a esa pregunta en su nuevo libro, El teorema Katherine, editado por Nube de Tinta.
Colin Singleton es casi un genio: sabe hablar once idiomas, puede recordar una infinidad de datos, arma juegos de palabras con cualquier frase y, al mismo tiempo, busca su momento Eureka. Pero el chico tiene una peculiaridad: sólo sale con mujeres llamadas Katherine.
“¿Cómo deja de aterrorizarte el hecho de que te dejen de lado, acabes solo y no importes a nadie en lo más mínimo?”, se pregunta una y otra vez el protagonista.
La novela empieza después de su último fracaso amoroso, cuando el joven se embarca en un viaje por Estados Unidos –cuyo primer destino es la supuesta tumba del archiduque Francisco Fernando en Gutshot, Tennessee– junto a su mejor amigo, Hassan Harbish. Con la idea fija de volverse famoso para recuperar a su ex novia, Colin continúa su costumbre de teorizar sobre todas las situaciones de su vida y comienza a idear una fórmula matemática para entender su problema con las Ks.
Tal como las historias que cuenta el adolescente, el libro está cronológicamente desordenado y cuenta con varios subtítulos que refieren a introducciones, nudos y desenlaces de las diferentes vivencias del niño prodigio. Pero lo más curioso llega de la mano de Daniel Biss, un matemático de la Universidad de Chicago que aportó sus conocimientos para crear los pasos de esa idea que podría predecir el destino de una relación, revelando quién dejaría a quién y cuándo.
Además de incluir modificaciones y explicaciones desde la perspectiva de Colin, el escritor suma notas al pie –con traducciones y anécdotas propias del relato– y un apéndice redactado por el también investigador del Clay Mathematics Institute, en donde detalla todos los cambios de la fórmula que fue llamada “El Teorema de la Previsibilidad Subyacente de las Katherines”.
John Green es un novelista de Indianápolis, Estados Unidos y un vlogger de YouTube que no duda en contestar con humor a sus seguidores de las distintas redes sociales. Alcanzó un gran reconocimiento mundial gracias a Bajo la misma estrella –una historia sobre dos adolescentes singulares que tienen cáncer y se enamoran–, recientemente llevada al cine por  FOX. Según la revista Time, el escritor es una de las 100 personas más influyentes del mundo.
Autor: John Green
Editorial: Nube de Tinta
Páginas: 320
Precio: $179



Friday, March 27, 2015

Adorables muñecas

En agosto, en Argentina, se festeja el día de los niños: desde que somos chicos, esperamos con ansias la llegada de ese domingo, donde los adultos nos premian con regalos y salidas. En Japón y Corea existe algo similar (el 5 de mayo) pero además, el país del sol naciente, tiene una celebración especial para las niñas: hinamatsuri (雛祭り) o el Festival de las muñecas.
Hace unas semanas –el 3 de marzo para ser exacta–, miles de niñas japonesas fueron agasajadas en una festividad donde pudieron exponer varias muñecas vestidas con kimonos tradicionales –representando al Emperador, Emperatriz, músicos y otros– en un armazón hecho con una gran alfombra roja que cubría los distintos niveles, de acuerdo a su posición en la corte imperial de la Era Heian. Lo simpático de las colecciones es su antigüedad: fueron pasadas de una generación a la siguiente para ser mostradas durante esta celebración específica.
Pero ¡ojo! Si bien el grupo de personajes son cuidados, expuestos y vestidos de manera adorable, no deben estar a la vista por demasiado tiempo. Los japoneses, que comienzan su exposición en febrero, creen que mantenerlos fuera pasado el 4 de marzo, podría acarrear desgracias para las niñas de la familia: podrían no encontrar marido o casarse a una edad avanzada. (Un horror).
Como toda tradición, se viene realizando desde tiempos lejanos, cuando se creía que los malos espíritus que rodeaban a las personas podrían quedar atrapados en estas muñecas, dejando al humano en paz. Por su longevidad, el hinamatsuri posee una canción típica muy conocida y se acompaña con un plato y una bebida específica: hinaarare (雛あられ) es una bolita dulce y colorida hecha en base de arroz que se consume con shirozake (白酒), un sake de color blanco que se bebe con la finalidad de purificar el cuerpo.
Esta festividad, además de parecer interesante por la variedad y antigüedad de las muñecas, también nos suena familiar. ¿Saben por qué? En uno de los primeros capítulos de Pokémon, Misty habla de las hermosas colecciones de princesas que sus padres le regalaron a sus hermanas y cómo después –cuando eran viejas y estaban rotas– se las pasaron a ella. Eso la inspira a participar en una competencia para ganar una propia. Sería genial poder verlas en persona, ¿no? 


Friday, March 20, 2015

Fin de semana de locura

¡Llegó el viernes! ¿Qué hacemos? ¿Nos juntamos con amigos en el centro? ¿Nos quedamos en casa y vemos una película? ¿Nos ponemos al día con los últimos capítulos de un anime? Bueno, si estuviésemos en Japón, definitivamente optaríamos por descansar para salir sábado y domingo, porque este fin de semana Tokyo tiene dos grandes eventos con el objetivo de saciar hasta a los más exigentes.
¿Qué tiene de especial el 21 de marzo? Es el final del séptimo Shibuya Fashion Festival –evento de moda que arrancó el 16– cuyos destinatarios no son solamente expertos, sino la gente que aprecia lo diferente puesto que la idea de este último día es la de celebrar la moda relacionada con Shibuya, el lolita y otras tendencias.
Desde las 2 de la tarde, más de 200 negocios de Shibuya realizarán pequeños eventos –que incluyen desfiles y shows– y ofrecerán importantes descuentos. Este lugar (de por sí especial con sus tiendas departamentales enormes cuyas vendedoras parecen muñecas que desfilan –sí, mientras mirás una prenda, pasan caminando por tu costado como si estuviesen en una pasarela– y te muestran cuáles son sus mejores prendas) se ve influenciado por el evento en todo sentido: durante ese día, hasta la estatua de Hachiko se adorna con algo relacionado.
¿No les interesa la moda? ¿No tienen ganas de ver ropa y las últimas propuestas de ese mundo? ¡No importa! Tokyo les ofrece otra opción para este fin de semana. Bajo el slogan “Fall in love with Anime” (“Enamorate del Anime”), AnimeJapan 2015 abre sus puertas el sábado en Tokyo Big Sight –un Centro de Exposición Internacional–. Con una entrada que va desde los 1600 yenes (alrededor de 16 dólares), tiene como objetivo que los asistentes se fascinen –aún más– por la animación, que se adentren en el mundo y experimenten nuevas formas de hacer negocios en relación a ella. Su finalidad es la de asegurar que habrán nuevos descubrimientos que brindarán “felicidad” tanto a visitantes como expositores. ¿No suena demasiado genial?
¿Qué se puede encontrar en la segunda edición de esta convención? Según su página oficial, hay dos grandes propuestas: una, para el público en general, con exhibiciones, stands con merchandising y shows en los escenarios abiertos, siempre rodeados de otros fanáticos y cosplays –que pueden posar en escenarios 3D de los animes que representan–; y la segunda es para personas que quieren hacer de su visita una de negocios, teniendo reuniones con los que exponen y aprendiendo sobre la industria de la animación.
Una de las actividades más interesantes es un espacio para los que quieren saber cómo se hace un anime desde el comienzo. En este sentido, se ensamblará una réplica de un estudio desde donde se puede ver cómo es el proceso de realización del guión, storyboard y el diseño. Además, AnimeJapan ofrece pequeños seminarios o workshops en donde creadores invitados darán consejos –y, en algunos casos, propondrán tareas con premios asombrosos– relacionados a las áreas de dirección, diseño de personajes, guiones, arte y planeamiento. 
¿Ya tienen planes para este fin de semana? ¿Vamos a Japón? :P.


Friday, March 13, 2015

El comienzo de una época rosada


Durante las próximas semanas, Japón va a ver sus parques, castillos y templos llenos de personas locales y turistas. ¿Por qué? Porque termina el invierno, llega la primavera –sinónimo del comienzo de una nueva etapa, más fructífera y bella que la anterior– y con ella aparecen las pequeñas pero hermosas flores de sakura características del país asiático.
Hanami (花見) es una tradición que se viene realizando desde la época Nara (S. VII) y consiste, nada más y nada menos, en observar la belleza de las flores. Para ello, se organizan pequeños picnics entre amigos, colegas y familiares en distintas partes de las ciudades donde se acumulan estos tipos de árbol.
A pesar de la supuesta informalidad del evento, los japoneses se lo toman muy en serio y en internet se pueden hallar incontables recomendaciones para que los novatos disfruten tan bien como los locales:
·         Se deben reservar los lugares para el picnic: a veces basta con dejar una manta con el nombre de los asistentes pero en los lugares más concurridos se recomienda que una persona espere al arribo del resto del grupo.
·         Siempre hay que chequear que se pueden realizar picnics: algunos espacios abiertos poseen sakuras pero no todos reciben con brazos abiertos a un grupo de personas que quieren sentarse bajo ellos a comer y beber.
·         Al irse, no se debe dejar basura: es muy difícil encontrar tachos en las calles japonesas por lo que es de suma importancia llevar bolsas para recoger los desperdicios.
·         El clima es también relevante: al tratarse del final del invierno, se debe considerar que el frío aún no se fue, por lo que es recomendable llevar abrigos o mantas –especialmente teniendo en cuenta que la celebración continúa a la noche bajo el nombre de yozakura (夜桜)–.
·         Los baños son siempre importantes: para evitar largas colas, se insiste en la búsqueda previa de variadas opciones.

Ahora bien, ¿qué se consume en un picnic durante el hanami? ¡De todo! (lo más popular son los onigiris, mochi y tamagoyaki). Es común encontrar bentos preparados para la ocasión especial –los ingredientes se cortan con la forma del pétalo de la sakura y se combinan con vegetales y pescados típicos de la estación–. Además, tiendas como Starbucks venden merchandising y bebidas especiales para acompañar a los grupos.
Las tiendas de 100 yenes no se quedan atrás puesto que allí se pueden encontrar los elementos básicos para una fiesta de hanami. Por ejemplo: manteles para picnic; almohadones para el piso o sillas plegables; bolsas para residuos; vasos, platos y cubiertos descartables; etc.


En caso que estén planeando ser parte de esta gran festividad, Japón sugiere las fechas para visitar cada uno de los destinos: a comienzos del año, se realiza un pronóstico de florecimiento (sakurazensen - 桜前線) a partir del cual se estima los períodos exactos para las distintas prefecturas: para el 2015 se fijó entre la tercera semana de marzo y la primera de mayo, dependiendo de la ubicación.


¡Totalmente kawaii! ¿no? ¿Visitarían Japón en primavera o en otoño, con todas sus hojas en distintas tonalidades de rojos y naranjas? 

Friday, March 6, 2015

San Valentín. Parte 2: el turno de los hombres

Hace unas semanas fue el día de los enamorados: casi todas las parejas aprovecharon para pasear, agasajarse e intercambiar regalos. En Japón, Corea del Sur, China y Taiwán, la tradición es diferente puesto que sólo las mujeres compraron –o hicieron– obsequios para los hombres, sean éstos amigos, novios, familiares o compañeros de trabajo o estudio.
         El próximo sábado, además de ser la nueva edición de Otani –YAY!– es, también el White Day (ホワイトデ). ¿De qué se trataba esta celebración que ya mencionamos en La fiesta del chocolate asiático? Bueno, teniendo en cuenta que solo una parte de la población recibió algo el 14 de febrero, en marzo se invierten los roles y los hombres  deben devolver el favor y repartir objetos blancos –color que evoca al amor adolescente, puro y dulce; además de ser el color del azúcar–.
         A diferencia de San Valentín, este intercambio sigue una serie de reglas:
·         Los hombres son los que devuelven los regalos que recibieron de parte de las mujeres de sus vidas.
·         Estos elementos, originalmente, debían ser blancos. Hoy, esta opción es más flexible puesto que los negocios ofrecen cosas tiernas –además de chocolates– de diversos colores.
·         Cada uno de los presentes debe ser, por lo menos, dos o tres veces más caros que los recibidos. Esta pauta es tan importante que el hecho de no respetarla, podría representar una clara intención de cortar todo tipo de relación con la otra persona.  
·         Los obsequios recibidos deben sí o sí ser devueltos. No hacerlo –aún cuando se presente una excusa– es indicio de un sentimiento de superioridad por sobre la mujer.
         Como todos los reglamentos, estos también pueden romperse y modificarse en los pequeños detalles. Por ejemplo, en CardCaptor Sakura se ve que es Sakura quien, además de recibir, reparte regalos a aquellas personas que le entregaron chocolate en San Valentín –Tomoyo y Shaoran–.
         Sería interesante poner en práctica estas costumbres así todos damos y recibimos cosas, ¿no? ¿Qué les parece la próxima edición de Otani para empezar? ¡Nos vemos ahí! ;).



Friday, February 27, 2015

Invasión de kawaiiness

Todos sentimos fascinación por un tipo específico de animal: lo vemos en la calle y lo saludamos; en la televisión nos genera ternura; y en una casa ajena lo acariciamos hasta el cansancio. De hecho, nos es imposible no encariñarnos con un peludito, al punto de llegar a adoptarlo –y adorarlo– como un miembro más de nuestra familia. Teniendo todo eso en cuenta, ¿qué harían si de repente se viesen rodeados de decenas y decenas de ellos? Bueno, no tienen que imaginarlo: Japón –como siempre–, tiene la respuesta en espacios donde los conejos, los zorros, los ciervos y los gatos son los protagonistas.
¿Les gustan los conejos y quieren ser perseguidos por ellos a lo largo y ancho de las calles mientras reclaman un pequeño snack? Bueno, tal vez sea una imagen exagerada pero si aman a los saltarines, entonces Okunoshima es su próximo destino.
Llegando a través de un ferry que parte del puerto de Tadanoumi (próximo a Hiroshima), la isla los recibe con centenares de animalitos que tienen un único objetivo: ser alimentados. Por ello, tocan los pies de los visitantes y se paran en sus patas traseras para pedir un vegetal fresco.
Hay muchas teorías sobre cómo llegaron a lo que ahora es su santuario: algunas de las suposiciones se relacionan con el período entreguerras, donde los animalitos habrían sido llevados para investigaciones relacionadas a gases venenosos producidos en el área. Otras versiones, lo niegan.
Si, por el contrario, su sueño es transformarse en el señor o la señora loca de los gatos, en Tashirojima es posible lograrlo. Con tan solo 100 habitantes –cuyas profesiones están abocadas a la pescadería o la hospitalidad–, los felinos son agasajados constantemente con alimentos y bebidas puesto que los isleños creen que, a través de su cuidado, recibirán una buena fortuna.
De hecho, su adoración por estos animales es tal, que hasta algunos edificios cuentan con adornos relacionados a ellos. Además, en el centro de la isla hay un templo para los gatos (Neko-jinja). La historia cuenta que, durante el Período Edo, los felinos solían ayudar a los pescadores a predecir el clima y el movimiento de los peces por lo que, cuando accidentalmente falleció uno, un trabajador decidió construir el santuario en su honor.
A diferencia de los conejos, el origen de los gatos se remota a un objetivo más natural: debían controlar la reproducción de ratones y de un tipo específico de gusanos que se producían cerca de la seda –material que se fabricaba en la zona–.
Zorros, zorros por todas partes. ¿En dónde? En Zao Kitsune Mura (Aldea de zorros), ubicada en la prefectura de Miyagi. Además de sacar fotos, los visitantes pueden pagar 100 yenes (alrededor de un dólar) a cambio de bolsas con alimentos para estos simpáticos animalitos que pelean constantemente por llamar la atención.
Los japoneses creen que los zorros poseen poderes místicos o que son mensajeros de la deidad de la fertilidad, prosperidad y el arroz, Inari Okami. Por eso, estas seis razas –azul ártico, gris, cruza, sombra ártica, rojo, platino–son mantenidas con extremo cuidado en espacios amplios donde pueden tener una vida normal, sin llegar a ser domesticadas.
Por último, si su idea es sentirse como si Papá Noel estuviese a la vuelta de la esquina, Nara es una elección inteligente. Además de los incontables templos y ruinas que se pueden visitar, este lugar está rodeado por carteles amarillos que indican “Cuidado con los ciervos”.
Es imposible no volverse loco intentando fotografiar a los animales que duermen tranquilamente en las áreas verdes pero las imágenes más valiosas se logran cuando se compran unas pequeñas galletas con las cuales se los alimenta: una vez que escuchan el paquete, cinco o seis de ellos se acercan inmediatamente. Cabe aclarar que, a pesar de su gran tamaño, están acostumbrados a las personas por lo que nunca hacen más que tocar un brazo para reclamar un poco más de comida.

Kawaii, ¿no? ¿Qué otros animales les gustaría ver en grandes cantidades?

Friday, February 20, 2015

Lugares fantásticos y dónde encontrarlos

Japón es genial. Eso no es un secreto: hay tantas cosas para hacer, tantos espacios para conocer que es imposible hacer todo en una sola visita. De todas formas, siempre hay recomendaciones de “imperdibles” para cualquier turista que cuente con poco tiempo. En esta ocasión, vamos a hacer un pequeño recorrido de algunos parques temáticos nipones asombrosos.

1.   Empecemos con los básicos: muchos chicos tuvieron la suerte de visitar Disney de pequeños. Otros –como su escritora–, no. Por eso, tanto Tokyo Disneyland (東京ディズニーランド) como Tokyo DisneySea (東京ディズニーシー) son una visita obligada. Allí hay atracciones que combinan las hermosos escenarios con canciones de nuestras infancias y tecnologías asombrosas (los hologramas son la perfección pura). (Ubicación: Tokyo)
2.   Osaka no sólo es encantadora por el dialecto de sus habitantes sino que nos ofrece el Universal Studios Japan (ユニバーサル・スタジオ・ジャパン). ¿Qué tiene de interesante? Todo. Porque hay atracciones para todos los gustos: desde espacios dedicados a Hollywood y New York, pasando por la versión asiática del Wizarding World of Harry Potter y una sección de Jurassic Park. Pero lo más fantástico fue revelado hace unas semanas cuando se anunció la apertura de espacios dedicados al anime Shingeki no Kyojin –con estatuas gigantes y recorridos junto a los personajes– y Evangelion. (Ubicación: Osaka)
3.   Si bien esta atracción va a estar abierta en julio, no puede no aparecer en esta lista. Huis Ten Bosch (ハウステンボス) es un parque temático donde podemos encontrar antiguos edificios que recrean a los que se encuentran en los Países Bajos. Lo interesante es que mediados de año, se abrirá el hotel Hen-na (変なホテル/hotel extraño) en donde los huéspedes serán recibidos y atendidos por robots. El futuro está llegando, ¿no sería increíble conocerlo? (Ubicación: Sasebo – prefectura de Nagasaki)

4.   En la capital de Japón está el Edo Tokyo Museum con pequeñas recreaciones y estatuas de este período histórico. Pero si eso no alcanza para satisfacer nuestra curiosidad, siempre se puede visitar Edo Wonderland (江戸ワンダーランド 日光江戸村), el parque temático sobre samurais. Construido como un pequeño pueblo alrededor de un castillo, cuenta con shows con ninjas y ofrece visitas a museos, la réplica del Castillo Azuchi y distintas fortalezas. Además de actividades relacionadas con la arquería y otros entrenamientos con armas, en el lugar se puede alquilar un disfraz temático para ser usado durante la visita. (Ubicación: Ise – prefectura de Mie)
5.   A nivel mundial, Sanrio es sinónimo de Japón. Con sus adorables personajes de Hello Kitty, My Melody, Cinnamoroll y Jewelpet, Sanrio Puroland (サンリオピューロランド) es el espacio kawaii para todos los fanáticos que deseen pasear por los hogares de cada uno de ellos. (Ubicación: Tokyo).
¿Conocían todas estas opciones? ¿Cuáles de estos parques sumaron a su lista de pendientes? Yo definitivamente estoy reacomodando la mía <3. 



Tuesday, February 17, 2015

La fiesta del chocolate asiático

El pasado sábado fue 14 de febrero (San Valentín) y, si bien para nosotros representa una fecha que se puede celebrar o pasar de largo, para los japoneses y coreanos –especialmente, para las mujeres– es todo un evento especial.
La tradición es simple: se debe entregar chocolate. ¿Punto? No. Es mucho más complejo y genial que eso: la idea es que las chicas lo entreguen a los hombres que las rodean –sean éstos sus novios, amigos, padres, compañeros de trabajo y/o estudio–. A diferencia de nosotros, los agasajos relacionados con golosinas, flores y tarjetas no son tan usuales.
Es importante saber que hay dos tipos principales de chocolate: los giri-choco (義理チョコ) y los honmei-choco (本命チョコ). Mientras que los primeros indican una obligación en la cual no hay romance de por medio; los segundos –cuyo nombre revela que son caseros y hechos con cariño–, por lo general, se destinan a novios o personas especiales a quienes se les quiere declarar amor eterno. A estos se suma el cada vez más popular tomo-choco (友チョコ o chocolate de la amistad).
Por lo que se ve hasta ahora, San Valentín en Asia es una celebración de las mujeres hacia los hombres pero, ¿qué ganan ellas en este acuerdo? Los 14 de marzo, un mes después del día de Cupido, los hombres tienen que devolver el favor a aquellas que les obsequiaron chocolate. Eso es lo que se llama el White Day (Día Blanco), por el tipo de los regalos que se dan: la tradición los obliga a entregar regalos blancos, tres veces más caros que los recibidos y, en caso de no hacerlo, se puede llegar a interpretar como una expresión de un sentimiento de superioridad imperdonable.
Lo curioso –o no tanto– es que en Corea sucede más o menos lo mismo: las mujeres entregan chocolate a los hombres en febrero y ellos dan regalos blancos y caros en marzo. Pero los adorables coreanos consideran a los menos afortunados: todos los 14 de abril, durante el Black Day (Día Negro), los pobres desgraciados que no recibieron nada en los meses anteriores, se reúnen en restaurantes chinos para comer fideos negros (자장면) y así celebrar/lamentar sus vidas de solteros junto a otros amigos que están en sus mismas condiciones.
Como vemos, en Asia hay un día para cada uno de nosotros. ¿Qué planes tienen para los próximos 14 de febrero/marzo/abril?


Tuesday, February 10, 2015

Cumplir 20 años en Japón

10934323_10152681304506589_1886908642_n
En Argentina, alcanzamos la mayoría de edad, oficialmente, a los 18. Si bien a los 16 ya tenemos la opción para votar, recién dos años después se nos permite tomar bebidas alcohólicas, manejar y viajar sin el permiso de nuestros papás, etc. En todo el mundo ese número varía, pero en Japón, llegar a la adultez, es todo un evento: el segundo lunes de enero, cada prefectura festeja el Seijin no Hi (成人の日 – Día de la mayoría de edad) en donde los chicos y chicas de 20 años son agasajados.
¿De qué se trata esta celebración? Alrededor de las 11 de la mañana, los jóvenes son invitados a diferentes partes de la ciudad donde son recibidos por fotógrafos, periodistas, amigos y familiares. En honor a ellos, se realiza un acto oficial para recordarles la importancia de la adultez (y su posibilidad de beber, fumar, votar, apostar y manejar legalmente). Luego, cada uno es libre de hacer lo que quiera: desde ir de compras hasta festejar en bares. Por tratarse de una fiesta nacional, muchos japoneses tienen el día libre y pueden formar parte de los distintos eventos que se realizan, sean éstos en lugares cerrados o en las calles.
La vestimenta, como siempre, es de suma importancia: las mujeres usan un furisode (una especie de kimono para chicas solteras con mangas extra largas), mientras que los hombres optan por un traje estilo occidental o kimonos oscuros con hakama.
Los invitados a participar son aquellos que cumplieron o van a cumplir 20 entre el 2 de abril del año anterior y el primero del corriente. Hasta el 2000, este festejo se realizaba cada 15 de enero pero, tras la instauración del Happy Monday –a partir del cual los feriados se pueden correr–, se fijó para el segundo lunes del mismo mes. ¿No sería genial que en Argentina tengamos alguna celebración similar?

Colaboración para Yokichi Eventos: www.yokichieventos.com/novedades/cumplir-20-en-japon/ 

Sunday, February 8, 2015

Cecelia Ahern: La vida a través de la correspondencia

La promesa de perpetuar una amistad es lo que moviliza a centenares de personas para que, a pesar de las distancias y el tiempo, se mantengan conectadas con aquellos con los que compartieron grandes momentos. Esa intencionalidad es la que construye Cecelia Ahern en su última novela, Donde termina el arco iris: un relato sobre dos mejores amigos que atraviesan duras etapas en sus vidas mientras continúan su relación por medio de cartas y mails divertidos. Haciendo énfasis en un mundo con constantes cambios, la autora vuelve una y otra vez sobre la imprevisibilidad del destino.
“Qué rara es la vida, ¿verdad? Justo cuando piensas que lo tienes todo resuelto, justo cuando por fin comienzas a planear algo en serio, te entusiasmas con la idea y crees saber hacia dónde vas, los caminos cambian, las señales cambian, el viento sopla del otro lado, de repente el norte es el sur y el este el oeste, y estás perdida”, afirma la escritora tomando el punto de vista de la protagonista.
La historia gira en torno a los irlandeses Rosie Dunne y Alex Stewart, dos amigos de toda la vida que se separan cuando la familia de él debe mudarse a Boston, Estados Unidos. Desde ese momento, sus decisiones –más erróneas que acertadas– los llevarán por rumbos diferentes mientras ellos hacen todo lo que esté a su alcance para que su vínculo especial no se interrumpa a lo largo de los años.
El libro, que transcurre mayormente en Dublín, está dividido en cinco partes –y un epílogo–. Cada una de ellas corresponde a las más importantes decisiones y los más drásticos cambios en la vida de Rosie, una chica alegre y positiva que está siempre en busca de un arco iris pero cuyos sueños se ven constantemente interrumpidos. Ahern intenta abarcar todos los aspectos de la vida de una persona, por lo que retrata eventos cotidianos y ocasiones especiales para así denotar el inquebrantable paso del tiempo: la protagonista habla de cumpleaños, casamientos, bautismos, funerales, problemas laborales, depresiones y conflictos familiares.
Lo más llamativo de la historia es la forma en que está escrita: priorizando la perspectiva de Rosie, la autora presenta una serie de cartas, artículos periodísticos, chats, postales y mails entre las personas que se relacionan con los protagonistas –sean éstos sus familiares, amigos o parejas–. Respetando ese estilo, Ahern muestra, de manera dinámica, los diferentes puntos de vista de los personajes a través de distinguidos estilos de redacción. Además, logra incluir de manera muy sutil las descripciones de cada uno en varias partes de la correspondencia.
Donde termina el arco iris es la segunda novela exitosa de la irlandesa Cecelia Ahern: la primera, Posdata: Te quiero (Ediciones B) fue la número 1 en ventas en Irlanda, el Reino Unido, Alemania y Estados Unidos. Además, fue adaptada al cine en el 2007. La historia de Rosie y Alex también encontró su versión cinematográfica en la película Los imprevistos del amor, dirigida por Christian Ditter y protagonizada por los actores británicos Lily Collins y Sam Claflin, ahora en cines.

Autora: Cecelia Ahern
Editorial: Vergara
Páginas: 400
Precio: $190





Monday, February 2, 2015

Camino a los Oscars: The Imitation Game

"A veces es la misma gente de la que nadie sospecha nada, 
las que hacen las cosas que nadie puede imaginar."

Con ocho nominaciones -incluyendo Mejor Actor, Mejor Actriz de Reparto y Mejor Película- no es de extrañar la brillantez con la que se aborda una temática compleja, dramática y, en ciertos aspectos, muy triste. Porque The Imitation Game no sólo gira alrededor del excéntrico Alan Turing (Benedict Cumberbatch) y su participación en un proyecto secreto para romper los códigos producidos por una máquina alemana llamada Enigma, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial; sino que también discute problemáticas recurrentes, como la homosexualidad y la descalificación de la mujer como una igual.
Intercalando flashbacks de las distintas épocas que marcan la personalidad de Turing, la película  -basada en el libro de Andrew Hodges- combina escenas de mucha tensión con otras humorísticas que rápidamente pasan a ser dramáticas. Esa mezcla no confunde ni marea, sino que plantea los grandes factores que un espectador necesita para comprender la vida solitaria y triste de una persona, condenada por el simple hecho de no lograr adaptarse a una sociedad que se empeña en dejarlo de lado por ser "raro".
El director, Morten Tyldum, vuelve una y otra vez sobre esa diferencia para mostrar a un Turing más humano y menos robot, que entiende que la única forma de ganar la guerra es ser más inteligente que el resto -aún cuando eso signifique profundizar el rechazo social-. La homosexualidad del matemático es también un tema central pero no el más importante porque el protagonista no se define por un solo elemento, sino por muchos; todos ellos ejecutados magistralmente por Cumberbatch en cada una de sus escenas.
Keira Knightley aporta una arista secundaria -pero relevante- a la trama: interpretando a Joan Clarke, criptoanalista, representa el problema que tienen las mujeres de ser independientes y ser consideradas como capaces de realizar el mismo trabajo que los hombres.
La Guerra también está presente a través de imágenes de archivo y voces en la radio. Además, a lo largo de la producción, se pueden apreciar incontables momentos que se centran en miradas perdidas y gestos de aprehensión, develando mucho más que las palabras. Se nota que el director sabe dónde enfocar para mostrar una desesperación compartida por todos los habitantes que, de una u otra forma, forman parte de la batalla.
Cabe mencionarse que, si bien la película se estrenó entre agosto y noviembre del 2014 -en Estados Unidos y el Reino Unido-, la campaña de difusión empezó a finales del 2013 cuando la Monarquía Británica otorgó el Perdón Real a Turing, quien había sido acusado por ser homosexual. Además, hace unos días, Cumberbatch en conjunto a los actores Stephen Fry y Harvey Weinstein lanzó una campaña para que también incluyan en ese perdón a los 49 mil hombres condenados por el mismo inexistente crimen.
La música, compuesta por Alexandre Desplat, está presente en todo el film y -en conjunto a las brillantes actuaciones, la precisa mirada del director y el magistral retrato de una época en crisis- hace a The Imitation Game una gran candidata para el próximo 22 de febrero.


Monday, January 26, 2015

John Katzenbach: La venganza es un plato que se sirve helado

       “La policía empieza con detalles que generan preguntas, y obtienen respuestas que dibujan una imagen clara de un crimen. Yo empecé con una certeza que sustituí por una pesquisa maleable. Su método consiste en eliminar la confusión. El mío la ha creado”. En pocas líneas, el escritor norteamericano, John Katzenbach, describe los pasos que sigue el protagonista de su nuevo libro, El estudiante: un thriller psicológico con elementos policiales donde la persecución, la lucha contra fantasmas internos y la constante búsqueda de justicia son los ejes principales.
         Situada en Miami, Florida, la novela gira alrededor de Timothy “Moth” –mariposa nocturna en inglés– Warner, un estudiante de historia y ex alcohólico que encuentra a su tío muerto en un aparente suicidio. Sin creer que el caso está cerrado, decide reunirse con su ex novia, Andy Candy, para investigar y empezar la cacería de un asesino que ha planeado, durante varias décadas, hasta el más mínimo detalle de una venganza.
         Explorando el lado oscuro de los personajes, en El estudiante hay una lucha contra la adicción y la muerte, junto a otros cuestionamientos internos que se materializan en constantes discusiones mentales. Además, Katzenbach utiliza descripciones detalladas sobre los lugares en donde suceden los acontecimientos, con la finalidad de dar una imagen exacta de todos los que intervienen en la historia.
         Asimismo, el autor pone especial atención a los detalles y a la verosimilitud –aporta datos y referencias históricas, literarias y psicológicas; siempre relacionándolas con las personalidades y los conocimientos de los personajes–. No por nada decide apodar a su protagonista como Moth: el norteamericano describe a ese insecto como virtuoso y con una obsesión por la luz que lo lleva a volar cerca de las llamas, un paralelismo con lo que el joven hace en el transcurso de la novela.
         A lo largo de dos partes –“Conversaciones entre difuntos” y “¿Quién es el gato? ¿Quién es el ratón?”–, distribuidas en 51 capítulos y un epílogo, Katzenbach combina diferentes puntos de vistas sobre los hechos, al mismo tiempo que crea suspenso a través de interrogantes que resuelve en pocas páginas. A pesar de la recurrente investigación, el escritor no parece interesado en relatar un policial –en las primeras 50 hojas cuenta quién es el asesino y por qué–, sino que prioriza los elementos físicos y psicológicos que intervienen en los crímenes.
         John Katzenbach es un novelista, guionista y periodista norteamericano que se ha especializado en temas judiciales gracias a trabajos realizados para The Miami Herald y el Miami News. Muchas de sus ficciones –entre ellas La guerra de Hart y Juegos de Ingenio, ambas de Ediciones B– fueron adaptadas al cine. Además de ser admirador de Hannibal Lecter, siente fascinación por explorar el lado oscuro de la conducta humana, temática común en sus historias. En el 2013 fue uno de los invitados más esperados de la Feria del libro en Buenos Aires.
Autor: John Katzenbach
Editorial: Ediciones B
Páginas: 496

Reseña publicada en el Diario EL DIA


Tuesday, January 20, 2015

Paciencia y tranquilidad a toda máquina (Crónica sobre una estación de tren)

         Es jueves y el clima está raro: hace frío y calor al mismo tiempo. Tal vez es eso lo que lleva a los pasajeros de la Estación Buenos Aires, ubicada en el límite entre Parque Patricios y Barracas, a caminar despacio por el hall central. Tampoco hay mucho que ver: un buffet que promociona, en una cartulina amarilla, las hamburguesas a 15, 20 o 25 pesos; un kiosco pequeño; y un puesto de revistas.
         La pereza alcanza, también, al único perro que está allí: despeinado y esbelto, mira de reojo a los pasajeros que caminan hacia la puerta de salida del edificio pintoresco, recientemente pintado de blanco y verde, para esperar el colectivo 59.
         Un hombre de 60 años, vestido con un delantal, pelado y con nariz aguileña, bosteza y camina unos pasos antes de retornar al buffet. En la barra, detrás de fuentes con empanadas, sándwiches de miga, pebetes y chorizos, hay un muchacho morocho, con anteojos a la altura de la nariz: se toma su tiempo para terminar de comer. No hay apuro. Igual a los que llegan y los que se van. No hay apuro para nada.
***
         Los trenes de la Línea Belgrano Sur parten de la Estación Buenos Aires y tienen dos destinos finales: González Catán (La Matanza) y Marinos del Crucero General Belgrano (Merlo). Antes de llegar, el primero pasa por 12 estaciones mientras que el segundo, con el recorrido más largo, alcanza a las 15 paradas.
         La línea se inauguró con el siglo XX al formar parte de la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires. A pesar de su edad, nunca consiguió la popularidad de las otras empresas. Esto puede verse hoy en el hecho de que la Buenos Aires es la única estación de la Ciudad a la cual no se puede llegar mediante subte.
         La frecuencia de los servicios varía entre 15 y 50 minutos, según la pantalla que se encuentra enfrente de la entrada principal, que indica no sólo las estaciones sino también si el siguiente tren llevará o no pasajeros.
***
—Ya es hora.
         El hombre con los anteojos en la nariz se levanta perezosamente y saca de su bolsillo un boleto que muestra al guarda, quien, con una sonrisa, le da los buenos días.
         Los andenes están renovados: se parecen a los de Nagoya, en Japón, por su extrema limpieza, asientos en el medio y techos para proteger a los tres pasajeros que esperan.
—Hola, buen día—dice un guarda regordete.
—Buen día—responde de manera cortada una chica rubia, con uniforme azul, que rápidamente se sube al tren que se dirige a González Catán.
         La joven camina rápido hasta el primer vagón. De acuerdo tácito, otros trabajadores de la línea (todos con el mismo uniforme) se sientan alrededor de ella, ignorándose mutuamente.
         La tranquilidad entre los viajeros persiste. En el pasillo, dos palomas se asoman indecisas mientras los asientos continúan llenándose. Finalmente, huyen tras el arribo de la última pasajera: baja, sin dientes y con pelo apelmazado. Usa un tapado negro y una frazada floreada sobre sus hombros. Unas manos ennegrecidas reparten papeles que resultan ser pedazos de un diario.
—¡Eesa!—. El trabajador ferroviario está sentado con un compañero; es canoso y mantiene el ceño fruncido todo el tiempo pero lo relaja al ver a la mujer bailando al ritmo de una música inexistente.
—Voluntá. Voluntá—repite la señora mientras estira la mano. Cuando le intentan devolver el recorte de diario, ella los ignora; cuando otros le dan unas monedas, las agarra y los ignora. Un chico le regala dos paquetes de galletitas. Ella los acepta, desconcertada.
***
—Superpanchos. Bebidas.
         Los vendedores ambulantes no son novedad en los trenes. De hecho, es normal hallarse con diez o más de ellos a lo largo de un recorrido entre estaciones terminales.
         El trayecto entre Buenos Aires y Marinos del Fournier se realiza en  28 minutos, tiempo en el que se ofrecen desde panchos a música, pasando por pebetes “fresquitos” de jamón y queso, alfajores y empanadas.
         Los pasajeros no compran: prefieren dormir. Los que no descansan, escuchan música o se quejan por el sol; tiran basura al piso o por la ventana (aún cuando se ven trabajadores juntando los residuos cerca de las vías del tren).
         Una pareja se acomoda: ella tiene pelo lacio y engrasado, él utiliza una gorra que tapa su rostro. Charlan en susurros mientras que, con total naturalidad, se desprenden de los objetos que no les sirven: primero un papel, luego el envoltorio de un chupetín. A conciencia o no, ayudan a formar las más de 6300 toneladas de residuos que se producen a diario en la Ciudad de Buenos Aires.
***
         La Estación M. del Fournier (como se anuncia en las pantallas, mapas y el boleto) es otro mundo: con una edificación evidentemente vieja, se encuentra muy bien cuidada. No hay ni un solo papel en el piso, ni siquiera pasajes usados. Como sucede en casi toda la provincia, es muy fácil no pagar: no hay controles ni siquiera rejas que restrinjan el paso.
PIIP
         La espera es silenciosa salvo por un sonido inquietante que suena cada seis segundos: es la máquina rota para sacar boletos a través de la tarjeta SUBE.
PIIP
         Un hombre canoso con un conjunto deportivo azul y zapatos de vestir lustrados prende un cigarrillo y se para cerca de las vías. Observa y encoje los hombros.
PIIP
—Doce minutos de atraso—anuncia un hombre obeso con pelo corto y barba. En sus manos aprieta con fuerza un pack de revistas atadas y dos bolsas.
—¿Doce minutos?—. Una mujer se levanta. Está teñida de pelirrojo y tiene rulos. Ambos llevan buzos polares iguales, pero de distinto color. Parece ser su madre.
PIIP
         Cuando el tren llega, hay confusión: por la estación del Partido de La Matanza pasan los servicios dirigidos a González Catán y a Marinos del Crucero General Belgrano y, si bien una voz femenina anuncia el destino, no se entiende nada.
—¡Flaco! ¡Flaco! No va.
—¿No? Ya estaba arriba yo. Estaba buscando asiento y todo. ¿Dijo que iba a Belgrano? —. Un muchacho corpulento camina arrastrando los pies hasta dejarse caer en uno de los cinco grandes asientos de construcción que se encuentran bajo el techo de los andenes.
PIIP
***
         “Rapipago: Muy pronto lo que esperabas en Fournier” anuncia un cartel pegado en la empolvada vidriera de un bar. Los negocios alrededor de la Estación están cerrados. Los que no están en venta o alquiler, tienen los vidrios sucios. Su mercadería parece de otra época: una zapatería, aún con adornos navideños, ofrece calzado femenino de moda hace medio siglo; una supuesta perfumería muestra unas cajas de madera despintadas; una casa de electrodomésticos expone cajas desteñidas por el sol.
         Las calles del barrio están limpias: una mujer baja, con jogging fucsia y una escoba maltratada junta las últimas hojas de los árboles y las pone en una bolsa de alimento para perro adaptada para la ocasión. Cada 10 o 20 metros hay cestos de basura, todos llenos pero ninguno desbordado: botellas de vidrio, papeles de todo tipo y pañales viejos son los principales protagonistas.
         El club para jubilados ferroviarios, “Los amigos de Fournier”, está próximo a la Estación. Adentro, un perro salchicha muy simpático parece ser el único habitante. Él y un improvisado altar con rosarios en forma de collares y pulseras. Porque Fournier es amante de esas dos cosas: de los perros callejeros (los pocos que se ven están muy bien cuidados y tienen disponibles baldes con agua) y las figuras religiosas (hay ofrendas a la Virgen María, a Jesús e inclusive a los Santos; todos reunidos en un pequeño monumento ubicado a una cuadra de las vías).
         Sólo la eventual camioneta con marcha o reggaetón rompe el casi ininterrumpido silencio. Unos pocos habitantes esperan colectivos o caminan despacio hacia la Estación. El resto del barrio parece estar dormido, estancado en el tiempo. Tranquilo y sin apuro.
***
         Un par de personas aguardan el tren para volver a Capital Federal y el kiosquero lo sabe. Adentro de un cuartito repleto de mercadería habla por teléfono con total despreocupación.
—Sí. Entiendo. Sí. Sí.
         Parece ser una costumbre en Fournier puesto que la propia boletera tampoco se molesta en terminar su conversación. Demuestra la veracidad del cartel pegado en la ventanilla anunciando problemas en el sistema que llevarían a demoras a la hora de vender los pasajes.
—Sí, sí… Un dentista para el nene... Tiene que cubrirlo... Pero no. Soy de Catán…
         La gente espera. Aún cuando suena el silbato que anuncia el descenso de la barrera o cuando es su tren el que se acerca: nunca se inmuta. Algunos están de paso, pero la mayoría, por su familiaridad entre sí, parece ser de ahí. Usan la Estación casi a diario aunque ninguno sabe por qué se llama así. “Ni idea” y “si te digo te miento” son sus respuestas.
         Lo curioso es que la palabra francesa fournier significa panadero, aquel que trabaja de noche y duerme de día, actitud que parecen tomar sus habitantes. Históricamente, refiere al rastreador Fournier que realizó un viaje de rutina en 1949 hacia Ushuaia pero nunca retornó. Tras una intensa búsqueda aérea y marítima, hallaron los cuerpos de los marinos, conmoviendo a los bonaerenses que decidieron homenajear a los desaparecidos a través de sellos postales, monumentos y estaciones de ferrocarril, como la de Belgrano Sur.
         El dato permanece desconocido para los pasajeros que día a día utilizan el transporte. De hecho, ningún cartel o monumento puede encontrarse en los alrededores. Pero no parece importarles.

         El silbato vuelve a sonar, anunciando la partida del tren. Los dos o tres pasajeros se acomodan y dejan atrás Fournier. Atrás ese barrio estancado en el tiempo. Atrás esas personas que, con excesiva calma, esperan el próximo servicio. Atrás a esa familiaridad con la que se saludan. Atrás a esa inexistente duda sobre por qué Fournier es Fournier.


(Junio 2014)